El pensamiento Pedagógico Latinoamericano ha despertado y aportado cambios en el campo educativo, figuras como Paulo Freire se convirtieron en referentes en el proceso de enseñanza capaz de unir el contexto en el que se desenvuelve los estudiantes con los aprendizajes adquiridos, siendo evidente que este último no debe estar desvinculado de la realidad, sino que responde a ello, por lo que se hace imprescindible desarrollar un pensamiento crítico que permita adquirir nuevos conocimientos para la toma de decisiones y la solución de problemáticas que permitan abordar los conflictos sociales.
ES NECESARIO comprender que la EDUCACIÓN es práctica de la LIBERTAD y por tanto va en contra de la pedagogía del OPRIMIDO.
El contexto latinoamericano debe reconocer que tiene su propia identidad, llena de un rico pluralismo cultural, que se ha visto afectado por diferentes crisis que han incidido especialmente en los grupos populares y un sistema educativo uniforme, caracterizado por una educación bancaria que durante muchos años ha sido implantada y manipulada especialmente por las clases de la burguesía para intereses particulares, lo cual aleja cada día más de un pensamiento y educación que ofrezca satisfacción y en donde se de una verdadera autorrealización y beneficio de todos.
Latinoamérica necesita promover una visión de educación que permitaconocer su historia, su contexto, y que concuerde por tanto con el desarrollo integral que se vive en el continente, de ahí que muchos educadores hoy intenten retomar los aspectos de Freire y la pedagogía crítica, los cuales han se servir para trabajar por una educación para la liberación, de manera que como decía Freire se necesita trabajar en un nuevo horizonte intelectual en América Latina, en donde exista una verdadera conciencia crítica frente a las formas de educación que se dan actualmente y que permita cambios profundos en esa acción y reflexión que conduzcan no solo a la construcción de conocimiento sino también a un despertar de la conciencia humana, a partir de surelación con la realidad, de las experiencias diarias entre estudiantes y profesores, de manera que se dé un compromiso histórico con la participación de todos los grupos sociales.
De esta manera se logrará trabajar en reivindicaciones que permitan construir unidad, inclusión y plantear “un vínculo entre educación popular, Estado y Gobierno”[1]

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